La gran transformación

Kirchner-Scioli

Kirchner-Scioli 2003. Una vuelta a los orígenes del kirchnerismo. Foto: educ.ar

Por Diego Acevedo. Para los fervientes seguidores del kirchnerismo, el “modelo” representa la única opción que tiene la Argentina para el desarrollo. Un modelo que en el último tiempo bordea la recesión con alta inflación y que está marcado por la conflictividad social. Las protestas y los despidos han tomado el protagonismo en la escena diaria.

Con ese objetivo, los kirchneristas han apoyado a Néstor Kirchner y Cristina Fernández, dos políticos provenientes del sur que en el pasado fueron menemistas y defensores de las privatizaciones. “Nosotros hacemos nuestro planteo apoyando la convertibilidad, el equilibrio fiscal y los sucesivos pactos fiscales. ¿Por qué razón? Porque sostuvimos y sostenemos que la convertibilidad no es, como algunos dicen, una cuestión de regla cambiaria. Es nada más ni nada menos que el compromiso del Estado de no financiarse a través de la emisión”, sostuvo CFK en los ´90. Extracto de Cristina versus Cristina, el libro que desnuda las contradicciones del discurso oficial.

Los Kirchner también fueron discípulos del economista Cavallo durante el modelo de convertibilidad, por las recetas económicas a seguir. Ahora el ex ministro está en la vereda del frente y es el enemigo predilecto del oficialismo. “Conozco a Corach, le creo a Cavallo”, fue otras de las frases picantes de Cristina en la época del menemismo. En 12 años el kirchnerismo ha producido una gran transformación pero no económica sino más bien política y cultural. Desde un discurso progresista han intervenido las estadísticas oficiales manoseando el Indec como repuesta al problema inflacionario, se negaron a admitir el problema y ya han pasado 8 años. Con el precio del dólar sucedió lo mismo, hubo desdoblamiento de facto y una devaluación del peso sostenida en los últimos cuatro años. La inflación es un problema que golpea con más fuerza a los sectores de menores recursos; en modo compensatorio, el gobierno ha lanzado planes sociales para paliar la situación sin corregir los problemas de fondo. Mostrando así, su interés parcial por el tema social. Con el tiempo, la inflación se convirtió -como la corrupción- en una de las palabras prohibidas en el léxico oficial, quien osara medirla terminaba perseguido judicialmente por Guillermo Moreno, un símbolo patoteril del poder K defendido a ultranza por los militantes del ´campo popular´.

También desde un discurso popular, subestimaron la pobreza y finalmente la dejaron de medir, es imperdonable que el ministro de economía de un país diga que no sabe cuál es número de la pobreza y que medirla sea “estigmatizante”. La dictadura fue otro de los puntos donde la doble moral y el doble discurso se meten en la caracterización del kirchnerismo, han tenido un general militar acusado por delitos de lesa humanidad y un ex ministro de la Corte que trabajó en la última dictadura, se debe recalcar que César Milani fue bancado por la Presidenta y el aparato oficial. El tema del proceso es usado a menudo como latiguillo para atacar opositores o periodistas.

Lo más sorprendente de la década ganada, es el apoyo de sectores denominados “progresistas” o de “izquierda”, un apoyo político basado en la teoría del mal menor. Eso revela la falta de convicciones. Hay que decir que la sociedad también tiene su cuota de responsabilidad, los argentinos han apoyado el modelo de convertibidad hasta final y también parece ser que, el llamado modelo de matriz diversificada con inclusión social todavía cuenta con una cuota de apoyo importante. Siendo Scioli el favorito de las encuestas presidenciales.

No hay un modelo alternativo propuesto -lo mismo que sucedió a finales de los noventas- y el actual tiene importantes desequilibrios en términos macroeconómicos que se hacen insostenibles en el tiempo.

La herencia del modelo queda entonces en las manos de Daniel Scioli, un candidato que deberá ser validado en las urnas. En un esquema de poder ambiguo, Scioli terminó desbarrancando a Randazzo en la interna del FPV y los kirchneristas se tuvieron que tragar sus críticas al candidato, el único consuelo ante la desconfianza fue la figura de Zannini en la fórmula presidencial, uno de los ideólogos del modelo en términos políticos. A Scioli lo habían caracterizado como de derecha y neoliberal, las críticas salieron desde la interna del partido de la victoria. De este candidato se puede decir que al menos admite su pasado menemista -agradeció a Carlos Menem por iniciarlo en la política- a diferencia de los Kirchner que no reconocen de donde vienen y se han inventado un pasado. La calesita ideológica en estos años ha sido tan grande que muy pocas cosas ya sorprenden, muchos cambiaron de bando. Tanto así que, personajes como Sabatella, Scioli y Othacehé compartan una misma boleta, algo impensado hace un tiempo.

Sin ideologías o convicciones, los contratos con el Estado a cambio de defender el proyecto nacional y popular fueron una moneda corriente en estos años. La militancia en muchos casos fue acompañada con dinero o contratos con el aparato estatal, un aparato que fue usado para fines partidarios. Otra fue la “sobreactuación” de lo popular; es muy difícil hablar de la pobreza y del hambre desde Puerto Madero, hablan de la salud pública y jamás se atendieron en un hospital público para dar el ejemplo. La diferencia entre lo dicho y lo hecho es abismal. El discurso progresista fue solamente una fachada del kirchnerismo.

La transformación en estos años deja una huella que marcará el futuro y el discurso progresista en Argentina quedará lamentablemente asociado a la corrupción y a los grandes negocios con el Estado.

diegoacevedo.ar@aol.com

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